
A veces decimos que sí para evitar un conflicto, aunque por dentro quisiéramos decir que no. Si te sucede, puede ser útil observar qué temes que ocurra cuando expresas un límite.
1. Identifica qué necesitas
Antes de responder a una solicitud, date unos segundos para revisar si tienes tiempo, energía y disposición. No todas las peticiones requieren una respuesta inmediata.
2. Exprésalo con claridad
Puedes utilizar frases sencillas: «Esta vez no puedo», «Necesito pensarlo» o «Prefiero hacerlo de otra manera». No es necesario dar explicaciones extensas.
3. Haz espacio para la incomodidad
Al cambiar un hábito, a veces aparecen nervios o culpa. Reconocer esa emoción no significa que estés tomando una mala decisión.
Poner límites puede ser una forma de cuidar tus relaciones y también de cuidarte.
Ejercicio breve
Escribe una situación en la que te cuesta decir que no. ¿Qué necesitas? ¿Qué frase concreta y respetuosa podrías usar la próxima vez?